Fenómenos aéreos anómalos merecen ser estudiados por la ciencia

publicado a la‎(s)‎ 27 ago. 2020 5:31 por Plataforma Sites Dgac
Desde hace aproximadamente tres años, los fenómenos aéreos anómalos, conocidos más comúnmente como OVNIs, han vuelto a concitar la atención del gran público y de los medios de comunicación convencionales debido a filtraciones de filmaciones de la Marina estadounidense en 2017 que este año fueron confirmadas como reales por el Pentágono.
Ravi Kopparapu, científico planetario de la NASA y coautor del artículo de Scientific American.

Fotograma de una de las imágenes de un FANI filmado por la Marina estadounidense que fue filtrado a la opinión pública en 2017.

Jacob Haqq-Misra, astrobiólogo e investigador del Blue Marble Space Institute of Science y coautor del artículo publicado en Scientific American.
Mientras medios como The New York Times siguen publicando artículos sobre el tema con cierta regularidad y anticipando posibles nuevas divulgaciones por parte de las autoridades estadounidenses, a fines de julio la revista Scientific American publicó un artículo firmado por el científico planetario de la NASA Ravi Kopparapu y por el astrobiólogo e investigador del Blue Marble Space Institute of Science Jacob Haqq-Misra en que sostienen que los fenómenos aéreos anómalos merecen una investigación científica.

Equipos multidisciplinarios

En el artículo, los autores recuerdan que en la década de 1960 ya existió un interés por investigar el tema de los objetos voladores no identificados (OVNIs) en forma científica y para eso la Fuerza Aérea de Estados Unidos contrató a la Universidad de Colorado para que realizara ese estudio.

El proyecto de investigación OVNI de la Universidad de Colorado estuvo a cargo del reconocido físico Edward Uhler Condon y operó entre 1966 y 1968, estudiando casos y reuniendo antecedentes.

Al final de la investigación, la “Comisión Condon” emitió lo que hoy es conocido como “Informe Condon”, en que concluyó que era improbable que un mayor estudio de los OVNIs fuera interesante desde el punto de vista científico.

El “Informe Condon” produjo gran controversia a fines de los sesenta y aún se discute hoy, pues miembros de la comisión acusaron irregularidades en la forma de operar y en las investigaciones y afirmaron que Condon tuvo un sesgo negativo hacia el tema desde el principio. David Saunders, psicólogo y uno de los principales investigadores del grupo, publicó al respecto en un libro-denuncia titulado UFOs? Yes!

Tras la publicación del “Informe Condon”, Estados Unidos puso fin a su investigación oficial del fenómeno OVNI, el conocido “Proyecto Libro Azul”, el 17 de diciembre de 1969. Desde entonces, se suponía que la potencia mundial no investigaba más a los fenómenos aéreos anómalos en forma oficial, pero a raíz de las filtraciones de 2017 se supo que existió un programa secreto de investigación de “Fenómenos Aéreos No Identificados” en el Pentágono entre 2007 y 2012.

Con el renovado interés suscitado por las recientes revelaciones, los autores del artículo publicado por Scientific American sostienen que los OVNIs no sólo merecen ser estudiados por la ciencia, sino que para ese estudio es necesario formar equipos multidisciplinarios, en que expertos en diversas materias puedan colaborar, intercambiar información, puntos de vista y complementar competencias.

Curiosidad científica

En el texto, los autores indican que las recientes divulgaciones de videos e informaciones sobre avistamientos de fenómenos aéreos anómalos no han generado entre la comunidad científica un interés similar al que han despertado entre el público y los medios de comunicación.

“Parte del motivo podría ser el aparente tabú alrededor de los fenómenos FANI, vinculándolos a lo paranormal o la pseudociencia, al tiempo que ignoran la historia que hay detrás”, sostienen.

“¿Por qué estos eventos deberían importarle a los astrónomos, meteorólogos o científicos planetarios?... Porque somos científicos. La curiosidad es la razón por la que nos convertimos en científicos”, agregan, justificando una aproximación al tema por parte de los científicos.

Además, los autores recalcan que los fenómenos aéreos anómalos no son eventos propios sólo de Estados Unidos, sino que son “una ocurrencia mundial”.

“Varios otros países los estudiaron. Por eso, ¿no deberíamos, como científicos, escoger investigar y reducir la especulación en torno a ellos?”, proponen, y sostienen que una investigación sistemática es esencial para llevar a que el fenómeno sea del interés de la ciencia convencional.

“Quizás algunos, o incluso la mayoría, de los eventos FANI son simplemente aeronaves militares clasificadas, o extrañas formaciones climáticas, u otros fenómenos mundanos malinterpretados. Sin embargo, aún hay varios casos realmente intrigantes que podría valer la pena investigar”, advierten.

“No sabemos lo que son los FANIs y esa es justamente la razón por la que, como científicos, deberíamos estudiarlos”, concluyen.
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