Caso Nueva Zelanda - Burbuja de Luz

publicado a la‎(s)‎ 29 jul. 2015 11:44 por Plataforma Sites Dgac   [ actualizado el 11 mar. 2016 5:36 por Jose Patricio Lay Lagos ]
Fecha : 1984
Lugar : Ruta Los Ángeles Tahití, cerca del Ecuador
Aviones : Boeing 747-200
Testigos : Capitán George Richardson y copiloto, y Capitán Neil Pullem y copiloto
El Cap. Richardson es un piloto retirado de aerolíneas neozelandesas, con un total de aprox. 18.000 horas de vuelo. También ha sido controlador de tránsito aéreo.

Detalles:

Trata del avistamiento de un fenómeno lumínico anómalo que iluminó una enorme área con una luz extremadamente potente. Ocurrió durante una noche clara después del ocultamiento lunar. La duración del fenómeno fue de aproximadamente 5 minutos.

El capitán Richardson se encontraba volando en la ruta Los Ángeles a Tahití y se encontraba cerca del Ecuador. El avión permanecía a una altura entre los 33 y 35 mil pies.

El avión del capitán Pullem se encontraba en la ruta Honolulu a Nadi más o menos en una ruta casi paralela, a 1,000 millas de distancia del capitán Richardson.

Los pilotos se encontraban conversando por radio VHF cuando el capitán Richardson escuchó a los otros pilotos exclamar “Qué diablos es eso!”

Los pilotos de ambos aviones repentinamente se encontraron volando en el borde de lo que el capitán Richardson describe como “un domo enorme de luz muy brillante- extremadamente brillante que iluminó el océano entre 80 y 100 millas adelante – tanto fue que parecía que estuviésemos de día. Todos los cúmulos de nubes bajas eran claramente visibles y hasta las condiciones del mar se podían apreciar”.

Una burbuja de luz

Lo más perturbador pero intrigante a la vez de esta luminosidad era que no provenía de ninguna fuente visible; la luz no se formaba como un rayo emanando de alguna área o punto determinado. No parecía brillar desde arriba o abajo o tener las características de luces artificiales o naturales conocidas.

El cap. Richardson comentó que jamás había visto cosa parecida. Era como una burbuja de luz produciendo su propia energía. La luz era extremadamente blanca e intensa y parecía irradiar en todas las direcciones dentro de esa área, manteniendo unos “límites” muy claros.

Este capitán podía ver el fenómeno a su estribor mientras que el otro avión lo observaba sobre su babor. Mientras observaban el fenómeno luminoso los pilotos se sintieron alarmados y temerosos, preocupados por la seguridad de sus naves y sobre qué acciones deberían tomar. Hasta pensaron que la luz podría provenir de una explosión atómica, aunque no había evidencia de alguna teniendo lugar, ni ondas de choque ni turbulencia. Ellos continuaron volando en sus rutas, discutiendo sus cursos de acción cuando, al igual que como comenzó, la masiva área de luz “se apagó” y ambos aviones se vieron envueltos nuevamente en la oscuridad.

Los pilotos no reportaron el incidente en su momento. Concluyeron que si lo hacían, serían entrevistados “por hombres de bata blanca si hacían cualquier referencia pública sobre el incidente”. “Decidimos quedarnos callados ya que el Oficial de Operaciones de Aerolíneas Neozelandesas era un hombre poco comprensivo y no había necesidad de alterarlo con este tipo de información”.