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EL TESTIMONIO DE JEAN-PIERRE MORIN

publicado a la‎(s)‎ 29 jul. 2015 13:15 por Plataforma Sites Dgac   [ actualizado el 29 jul. 2015 14:28 ]

De: SIGMA perteneciente a La Asociación Astronómica y Aeronáutica de Francia. 
Para CEFAA 
EL TESTIMONIO DE: JEAN-PIERRE MORIN

Ex piloto de Caza (Mirage III), Caballero de la Legión de Honor, Oficial de la Orden del Mérito, ex miembro del Consejo Directivo del CNES (NASA Francés), y miembro de la Comisión Espacial francesa.

“El fenómeno fue observado por 8 personas, cuatro a corta distancia (menos de 300 metros) y los otros cuatro a mas de 1500 metros de distancia”. Los ocho testigos circulan en dos vehículos Citroën idénticos. En el primero, viajan Jean-Pierre Morin (JPM conduciendo) y los Sres. Andrieu, Lapierre y Mercier, agentes de la División de ProyectilesSondas del CNES (Comisión Nacional Espacial Francesa).

En el segundo vehículo: Maurice Viton (conductor), Georges Courtes, M. Cruvelier y Guy Monnet, astrónomos del Laboratorio de Astronomía Espacial (LAS) de Marsella. Lugar: Hammaguir, ex Argelia Francesa “Salí de la base aérea de Blandin con mis tres pasajeros por la única ruta orientada hacia el Este.

Era una noche negra sin luna. Atravesé la base Bacchus (de lanzamiento de proyectiles Bélier, Centauro y Dragón) que estaba desactivada y a oscuras. Diez minutos más tarde, seguí hacia el Norte en dirección al aeropuerto de Hammaguir que también estaba sin luces. Poco antes del aeropuerto doblé a la derecha hacia el Este por una ruta paralela a la pista de aviación. A bordo del vehículo la conversación es animada: el próximo lanzamiento será la repetición de otro, efectuado el 11 de Enero, y que había tenido problema técnico y arrojado resultado científico parcial.

Al día siguiente deberíamos hacerlo sin fallas. Fue entonces cuando, Mercier, sentado a mi derecha, me llama la atención sobre una luz en el cielo, baja sobre el horizonte, que se sitúa ligeramente a la derecha de la ruta. Se diría que es la luz de aterrizaje de un avión que se viene posando; nada extraordinario si es a lo largo de una pista de aterrizaje, aún cuando esta se encuentra a oscuras. Sin embargo, la aeronave cuyo “foco” se agranda y que debería atravesar nuestro camino, se obstina en seguir a nuestra derecha.

Como piloto de muchos aviones como los Mirage, me dije que el piloto hacía una “aproximación en contra” para aterrizar contra el viento. Qué raro, porque en el pórtico nos habíamos señalado que no había ni una brisa de viento. Repentinamente, los acontecimientos se precipitan: el motor de mi vehículo empieza a toser. Pienso en una pana de bencina pero la aguja indica tres cuartas partes lleno. Luego el motor se detiene sin que yo haya tocado la llave de contacto. Freno y detengo el auto. Los cuatro nos bajamos del vehículo cuyas luces siguen encendidas.

Nuestras miradas se dirigen hacia al objeto que viene a nuestro encuentro. La ausencia total de ruido es la primera cosa que choca: en el desierto se escucha una mosca a un kilómetro; esto implica que la aeronave que se dirige a nosotros no es un avión sino un globo. La noche, sin luna, sin nubes. A ojo desnudo se ven decenas de miles de estrellas; aquellos que han estado de noche en el desierto, donde la humedad es inferior a cuarenta por ciento, saben lo difícil que es encontrar un lugar en el cielo sin estrellas titilando.

Toda aeronave que se desplace en ese cielo oculta las estrellas, y su figura se destaca al igual que su fuselaje. A medida que se acercaba, el objeto toma forma de dirigible, una especie de Zepelín. Su inclinación situada a 2 grados al principio de la observación evolucionas rápidamente hasta alcanzar los 45 grado en el momento cuando pasa delante de nosotros; esto simplemente quiere decir que su altura de crucero es del mismo tamaño que la distancia que nos separa de su trazado horizontal. El “dirigible” se encuentra delante de nosotros.

Su largo es del orden de 4 diámetros lunares aparentes y su altura de un diámetro. Siempre sin el menor ruido ni el menor soplo de viento. Distingo nítidamente, sobre todo en el lado de proa, pequeñas llamaradas multicolores (naranjas, verdes, azules, rojas) que yo interpreto como ionización del aire ambiente. Ninguna traza de propulsión química.

La velocidad estimada del objeto es del orden de los 10 a 20 kilómetros por hora. Extremadamente lento. Los cuatro testigos se quedan mudos, sin duda alguna por lo que están presenciando. En efecto, yo he olvidado su presencia. La única anomalía física, pequeños zumbidos cristalinos en los oídos, como aquellos que se sienten en inmersiones submarinas. Ahora el objeto se aleja. No se ven más las pequeñas llamaradas pero estas se han fundido en un faro amarillento análogo al detectado en su fase de aproximación, lo que parece probar lo que llamo ionización, única fuente luminosa vista de cerca y en efecto isótropa. No le ví escotillas.

El objeto se aleja más y más y ahora tiene un aspecto parecido al que tenía cuando Mercier me alertó. De pronto, a nuestra derecha, sobre el suelo, dos luces en la noche. Me toma unos segundos darme cuenta que es el equipo de Courtes, que una vez terminada su intervención, vuelve a la base para cenar. Se escucha claramente el ruido del automóvil que está a unos dos kilómetros. Una verdadera suerte; ¡son cuatro astrónomos a bordo! Ellos podrán explicarnos esta cosa que se ha transformado en un planeta como Venus en el cielo (un poco menos brillante por cierto). Espero que siga ahí hasta que lleguen. El vehículo de los astrónomos viene hacia nosotros, ellos no se han dado cuenta de nada.

El objeto se encuentra lejos detrás de ellos. Nos ven y se detienen bromeando “¿El CNES se quedó en pana?” Los insto a salir del vehículo y les apunto el objeto, todavía bien visible y casi estático. Lo ven instantáneamente…y se quedan mudos. Yo les relato lo que hemos estado viendo durante veinte minutos. El primero que habla es Courtés “Se podría decir que es un globo iluminado en su interior” Yo aseguro, por haberlo visto de cerca, que no hay fuente luminosa interna sino una ionización externa poco frecuente en los globos. Repentinamente el objeto efectúa un viraje a la izquierda y comienza a ascender, primero lentamente y luego mas y mas rápido.

El objeto desfila delante de las estrellas con el mismo tamaño de una de ellas; ya no tiene contorno aparente. Los astrónomos contemplan el espectáculo, boquiabiertos. Courtés y Viton admiten no comprender lo que están viendo. ¡Y el cielo es su trabajo! El objeto después de haber descrito una trayectoria en forma de S se estabiliza a unos 60 grados. Su tamaño disminuye en el mismo lugar como si se estuviera alejando radialmente de la Tierra. La fase de ascenso ha durado más o menos un cuarto de hora. Por supuesto que Courtes y Viton indican precisamente la ubicación en el cielo por donde desaparece el objeto. Retornamos a nuestros vehículos y el mío arranca de primera. Cenamos juntos en la cantina de la base. Los astrónomos no dijeron nada, casi vejados de no haber podido explicar lo que habían visto en el cielo. Repetí de nuevo lo que vi y los otros tres testigos me contradijeron una sola vez.

Ellos estimaron que el objeto nos había visto y había efectuado una maniobra para evitarnos. A mi vez, les dije que eso había sido un efecto óptico. De vuelta a Brétigny, no hice nada al respecto ya que no sabía a quién reportar lo visto. Las personas a las que hablé, me hicieron entender rápidamente que, si yo deseaba hacer una carrera en el CNES, más me valía no contar historias raras. Después de todo, en el Sahara, yo y todos los demás podríamos haber sido víctimas de …un espejismo. En 1968, trasladado a la Dirección de Programas de la Comisión Espacial, constato que Claude Poher trata de desmitificar el problema OVNI. Le entrego mi testimonio dos años después de los hechos y le ayudo en algunas investigaciones que resultaron ser ilusiones de óptica de muchos testimonios.

Más tarde, en Kouru, ceso de preocuparme del problema, obligado, por Jean Grau a no evocar delante de terceros los sucesos del 16 de Enero 1967 bajo pena de perder toda credibilidad ante mis interlocutores. Hoy en día ya no arriesgo nada. Es por eso que he visitado mi pasado nuevamente y me he sorprendido que el recuerdo de esta larga visión nocturna haya permanecido a tal punto viva en mi espíritu ¡como si fuese ayer!